Y ahí estaba, enfrente de su cantante favorito, enfrente de
su grupo de música favorito, rodeada de una multitud que seguía el compas de la
música y cantando unas canciones hermosas, las cuales ella conocía a la perfección.
Cada nota, cada sonido, cada entonación eran lo que ella se había imaginado e
incluso mejor. Aquel grupo, llamado “Shootmoon”
era alucinante en directo, su sonidos eran vibrantes y energéticos, melodiosos
y llenos de fuerza y carácter.
Se encontraba justo en la primera fila, enfrente del
cantante principal. Miro arriba y lo vio, extrañamente era la primera vez que
lo veía, pero la espera había valido la pena. Su silueta se veía iluminada por
los focos que apuntaban hacia el escenario, era alto y delgado, pero su camisa
medio arremangada dejaba ver los brazos bien moldeados y fuertes que tocaban
una guitarra color lima. Su pelo negro como la noche enmarcaba su bello rostro,
de rasgos afilados que le daban un aspecto de chico malo, peligroso pero atractivo.
Pero lo que más le llamo la atención a
Nahia fueron sus ojos, lo ojos del cantante tenían una tonalidad verde, verde
como…
En aquel momento él la miro, sus miradas se sostuvieron
durante unos escasos segundos, pero a pesar de todo, Nahia noto como su pecho
se hinchaba y se llenaba como si los ojos de aquel chico consiguieran llenarla
y completarla… algo que nunca antes había sentido.
Acabo la canción y el joven cantante que no llegaría a los
24 años de edad, según los cálculos aproximados de Nahia, dijo:
-La próxima canción, es un tema que nunca antes habíamos tocado,
es una canción de un grupo llamado “Noah
and The Whale” y se la quiero
dedicar a todas aquellas personas que a veces han tenido miedo a amar, a
arriesgar por amor… esta canción se llama “Give
a Little love”[1]
Y comenzó a sonar la música, un bello violín acompasado por
una batería, un bajo, una guitarra y una voz que te quitaba el aliento y te
hacia sentir como si estuvieras en una nube flotando.
Era extraño pero Nahia se sentía como en una especie de
hechizo, hipnotizada, solo podía mirarlo a él, su voz la rodeaba y la elevaba y
de repente el joven cantante la miro fijamente sin apartar la vista de Nahia,
sin ni siquiera apenas parpadear pero en todo momento sonriéndola, mientras
cantaba:
-“Cause life is fleeting
Yeah, but I love you…
And my love surrounds you like an ether
in everything that you do.
But if you give a little love, you can get a
little love of your own
Don't break his heart”[2]
Aquella ultima frase golpeo a Nahia con fuerza y cuando se
quiso dar cuenta se vio sola en aquella inmensa sala de conciertos, sin nadie
que la rodeara, sin el grupo de música tocando, pero con el eco de aquella
ultima frase, cantada por el joven cantante, repitiendose una y otra vez como
si de un disco rallado se tratara.
“Don't break his heart, Don't break his heart, Don't
break his heart….”
Bajo la vista al
suelo y cuando la volvió a levantar él, el joven cantante, la única persona
de aquella sala, que ahora estaba vacía, repetía una y otra vez aquella frase
mientras la miraba y le sonreía: “Don't
break his heart, Don't break his heart, Don't break his heart, Don't break his
heart ….”
Se sintió
mareada, cerro los ojos con fuerza y cuando los volvió a abrir estaba de nuevo
en aquel concierto, la canción había acabado y el joven cantante estaba
anunciando su próxima y ultima canción.
¿Qué le había
pasado?
Dirigió una
mirada a su alrededor, toda la gente seguía como si no hubiera pasado nada,
miro la botella que sostenía en la mano llamada “Desperados” una combinación de cerveza y tequila y la vio
vacía. Se concentro de nuevo en el
concierto y achaco aquella vivencia a una combinación de cansancio, estrés,
emoción y dos botellas de cerveza que se había tomado. No solía beber,
sobretodo entre semana, pero su compañera de trabajo la había invitado a
aquellas cervezas como muestra de agradecimiento por todo lo que Nahia siempre
había hecho por ella.
Al acabar el
concierto y con toda la gente fuera del local, una especie de bar donde se
celebraban conciertos privados de vez en cuando, Nahia se dispuso a recoger y a
limpiar como bien había prometido a su jefe. Este le había dejado asistir a ese
concierto en horas de trabajo y completamente gratis si luego se quedaba y recogía
todo.
La banda ya se
había marchado, su compañera de trabajo Maritza le había dicho que el grupo
tenia prisa porque habían quedado con un periodista, cosa que entristeció un
poco a Nahia porque le hubiera gustado conocer al grupo personalmente. No se
consideraba la típica fan obsesionada que tenia su cuarto lleno de fotos del
grupo, pero se estaría mintiendo a ella misma si dijera que no le hubiera
gustado tener un autógrafo de “Shootmoon”.
Conecto su Iphod
a los altavoces del local y puso play con el mando a distancia que se guardo en
el bolsillo trasero del pantalón. Por los altavoces empezó a sonar una canción
del grupo de música “Travis” titulada
“Why does it rain on me?”[3] y
Nahia empezó a saltar, bailar y cantar mientras recogía todo. Se sentía feliz,
llena de vida, por primera vez en mucho tiempo sintió que las cosas podían
funcionar y salir bien. Subió al escenario de un salto, la música seguía
sonando, la canción aun no había acabado y de repente cuando estaba cogiendo el
micrófono que había usado el cantante y mientras se seguía moviendo al compas
de la música, un fuerte ruido, como de un objeto cayendo a sus espaldas, la sobresalto.
Se dio la vuelta
de golpe, y vio que el micrófono del fondo, el que había usado el batería del
grupo, el que se encontraba justo al lado del telón rojo que se extendía a lo
largo del escenario estaba en el suelo. Agarro el atril de hierro que sostenía
el micrófono y lo empuño como si de una espada o bate de beisbol se tratara.
-¡Seas quien
seas! –grito Nahia en dirección al telón- ¡Sal ahora mismo o te juro que llamo
a la policía!
Nahia no tenia
miedo, sabia como manejar aquella situación, había asistido a un curso de
defensa personal y era fuerte y rápida. Si aquella persona se disponía a
atacarla sabia que podía llegar al teléfono a tiempo para llamar a la policía
antes de que la alcanzara, además de que podía golpearla con el palo del micro
y dejarlo inconsciente.
Y de repente, de
detrás del telón rojo, justo por el centro de este, salió alguien a quien no
esperaba… era nada más y nada menos que el cántate de “Shootmoon”, el cantante que hace un rato acababa de escuchar en
directo cantar.
-Perdona-
dijo él mientras caminaba en dirección a ella- mi intención no era asustarte,
perdón enserio….
Nahia no respondió, bajo el micro y lo dejo otra vez en el
suelo, la música seguía sonando a pesar de que ahora solo era un sonido apenas
audible de fondo. No entendía que hacia aquel joven allí y lo peor de todo era
que la a pillado bailando como una loca, quería morirse de vergüenza…
-He venido a buscar una cosa que me había dejado y bueno no
quería molestar… Nahia saliendo de su trance momentáneo presiona el botón off del mando y la música se paro.
-Eeeeeh… no pasa nada, es decir… solo estaba… recogiendo y
bueno…
-¿Es que tu trabajas aquí?- dijo él sorprendido
interrumpiendo el penoso tartamudeo de ella.
-Emmm… si.. ¿hay algún problema? –dijo en tono seco mientras
adoptaba una postura erguida y confiada dejando atrás ese momento de
vulnerabilidad que había tenido a causa de la sorpresa de verlo a el allí.
-No, no, es decir, es que te he visto antes en el concierto
y bueno eres muy joven. Solo tienes 18 años y bueno, no es muy normal que una
chica traba…
-Espera, ¿como sabes que tengo 18 años?- le interrumpió.
-Eeeeeh… bueno… he dicho 18 por decir un numero, como podría
haber dicho 16 o 19…
-Claro…
El joven cantante se acerco un poco a Nahia y recogió el
micro del suelo que había tirado sin querer momentos antes. Se siguió acercando
hasta que se paro justo enfrente de ella, la miro a los ojos mientras intentaba
entender a aquella chica que resultaba ser un verdadero misterio para él.
-Lo siento enserio, lo ultimo que quería era asustarte…
Ese chico que la miraba fijamente era extraño… pero
extrañamente familiar…
-¿Nunca nos hemos visto antes? –inquirió ella con absoluto
descaro. Al parecer al chico aquella pregunta le puso en un estado de
incomodidad y nerviosismo. Abría y cerraba los puños y miraba de un lado al
otro como intentando buscar un sitio por el que escapar.
-No que va, o sea… yo es la primera vez que te veo. A lo
mejor me has visto en algún cartel publicitario o en alguna revista…
-No, imposible –lo interrumpió- en vuestros carteles
publicitarios no salís vosotros sale vuestro logo y tu siempre en las revistas
que sales de espaldas. Y en las fotos del álbum salís todos medio disfrazados, así
que bueno, no te he visto hasta hoy…
El joven cantante se quedo callado sin saber muy bien que
decir. Maldecía interiormente haber tirado el micro, si hubiera sido mas
precavido con lo que hacia ahora estaría fuera de aquel local sin aquellas
preguntas, a las cuales no quería responder.
-Eeeemm…. Bueno no se, creo que debería marcharme, es tarde
y querrás acabar de limpiar todo y bueno…
-Ahí si perdona… no quería entretenerte…
Nahia sonrió despreocupadamente, y aquella sonrisa provoco
en el joven un cosquilleo desde la cabeza a los pies y sin quererlo se encontró
devolviéndole la sonrisa. ¿Qué le ocurría? ¿Por qué aquella joven le hacia
sentir tan extrañamente bien?
Los dos se quedaron callados mirándose unos instantes más,
hasta que el decidió romper aquel extraño momento que los tenia atrapados en el
tiempo.
-Bueno… pues adiós, encantado de conocerte emmm…
-Nahia
-Nahia! He bonito nombre…. Yo me llamo Molk
-¿Molk? Pensé que te llamabas Alan…
-Bueno… Alan es mi nombre artístico, mi representante pensó
que seria bueno que de cara al publico tuviera otro nombre, no se… cosas de
representantes.
-Ah….- Molk se dio la vuelta y fue caminado en dirección por
donde había entrando, es decir, la puerta de atras- ¡Espera! Que te acompaño
hasta la salida así ya cierro… aunque debería estar ya cerrado…
-A vale…
Ella caminaba por detrás de él, se encontraban tan cerca el uno del otro que Nahia podía oler el aroma
que desprendía el joven cantante, a menta fresca con un toque de sal de mar.
Él abrió la puerta trasera que daba a un callejón sin salida
y se dispuso a marcharse pero se quedo un momento sujetando la puerta quieto,
como dudando de lo que iba a hacer a continuación.
-¿Pasa algo? –dijo Nahia al ver que no se movía de su sitio.
-¿Como lo haces? – le pregunto mientras se giraba y se
colocaba justo enfrente de ella.
-¿El que?
Molk no supo como continuar, ¿como le explicaba aquello?
¿Como le explicaba que desde el primer momento en que la vio lo dejo intrigado
y fascinado al mismo tiempo por aquello que ella hacia? Simplemente no podía…
-Nada, da igual, era una tontería. Bueno encantado de
conocerte Nahia.
-Lo mismo digo… -respondió ella mientras aceptaba la mano
que él le extendía como gesto de despedida. Cuando sus manos se tocaron una
fuerte chispa como de electricidad los quemo y los dos retiraron sus manos en
un acto reflejo. Nahia miro su mano como comprobando que estaba bien, le ardía,
como si se hubiera quemado, a pesar de que no tenia ninguna marca
-Perdona… habrá sido culpa mía, al tocar la guitarra
eléctrica queda electricidad a veces en las manos y bueno, lo siento…
A Nahia esa explicación no le pareció muy coherente ya que
lo que ella había sentido había sido más que un simple paso de corriente, había
sentido como si miles de voltios le recorrieran la mano y se la quemaran.
-Tranquilo, no pasa nada…
-Bueno, adiós… - Y el joven cantante se dio la vuelta y se
fue apresuradamente. La puerta se cerro tras el dejando a Nahia otra vez sola
en aquel lugar.
¿Qué demonios acababa de pasar? Realmente se sentía como si
hubiera vivido el momento más raro de la historia, uno de esos momentos que te
dejan con mil preguntas de por medio. ¿Cómo había entrado aquel chico?
¿Realmente había ido allí porque se había olvidado una cosa? ¿Qué había sido
aquella especie de chispa que había sentido al tocarlo? ¿Y porque le resultaba
tan absurdamente familiar aquel joven cantante?
Movió la cabeza de un lado al otro, como intentando disuadir
todas aquellas preguntas sin respuesta de su cabeza.
Se puso a recoger otra vez, esta vez en silencio, sin música
que la acompañara.
Recogió todo el escenario, toda la barra de bar, limpio y
barrio todo el local. Fue a la parte trasera del telón para apagar todas las
luces del escenario y vio un par de cervezas encima de una pequeña mesa de
madera de té situada en el centro de unos grupo de dos sofás verdes de rayas viejos y desgastados en los
que solían sentarse a descansar los grupos que tocaban en aquel bar y en el que
muchas veces encontraba a Maritza durmiendo en su hora de descanso. Cogió las
cervezas y paso un paño por encima de la mesa. Miro a su alrededor y de repente
percibió algo en uno de los sofás. Se acercó y vio que una especie de libro se
escondía en un hueco del sofá. Lo cogió y lo miro con detenimiento mientras lo
sostenía entre sus pequeñas manos. Era de un color marrón-anaranjado, parecía
antiguo. Leyó el titulo escrito en letras doradas: “Doble infinito”
Paso el dedo por encima del símbolo de debajo del titulo que
ella identifico como un doble infinito. Lo abrió y vio que en la primera pagina
escrito en tinta con una perfecta caligrafía ponía:
Nahia supo en ese
momento a quien pertenecía aquel libro cosa que le provoco un revoloteo en el
estomago, al sabes que volvería a ver al cantante que había transformado su
vida, sin que ella supiera nada, en el comienzo de algo…
