Salió de la clase y vio que
sus dos amigos ya habían desaparecido. Seguramente algún profesor que rondaba
por los pasillos los habría mandado a clase. Camino por los pasillos, unos que
conocía a la perfección. Llego a la clase de informática y vio que todo el
mundo rondaba por la clase charlando, riendo, y haciendo cosas que no tenían
nada que ver con la materia.
-¿Aun no ha venido Judit?
–pregunto a su compañera Paola que pasaba justo por su lado para salir de la
clase.
-No, hoy no va a venir. Nos
han dicho que podemos hacer lo que queramos, o quedarnos en esta clase o ir a
la biblioteca, pero que no molestemos.
-Ah, vale gracias
-De nada –dijo mientras le
dedicaba una gran sonrisa y se iba
Así que la profesora no esta…
pensó Nahia. ¿Y sus dos mejores amigos? ¿Dónde se habían metido?
Hecho un vistazo por la clase
y comprobó que allí no se encontraban, seguramente habrían ido a la biblioteca,
aunque no es un sitio que suelen visitar esos dos…
Se dio la vuelta y puso rumbo
a la biblioteca. A llegar abrió la antigua puerta de madera que chirrió en un
sonoro y continuo movimiento y pudo ver la pequeña pero acogedora biblioteca
que se desplegaba ante sus ojos. Le encantaba aquel lugar. Cuando era pequeña
acudía allí a refugiarse y a leer durante horas libros que seguramente pocos
habían tenido el placer de leer.
-Hola Morgan- dijo a la
bibliotecaria. Una señora que a pesar de que la conocía desde que tenia memoria
no había cambiado para nada.
-Hola Nahia –dijo mientras le
sonreía- lectura o estudio
-Mmmmm… pues no se la verdad…
aun no lo he decidido…
Echo un vistazo rápido a las
mesas que se extendían a su alrededor y no vio ni a Sam ni a Ricky por ningún
lado.
-¿Sam y Ricky no han venido
verdad?
-No cariño, esos dos pocas
veces vienen por aquí. Y cuando vienen les tengo que echar por el jaleo que
arman.
Nahia sonrió para sus adentros
y coloco sus cosas en una mesa situada en el fondo de la biblioteca. Empezó a
caminar alrededor de las estanterías de libros en busca de algún libro que
pudiera resultar de su agrado. Finalmente uno que juraría que nunca antes había
visto que se encontraba en la sección de historia llamo su atención. Era fino y
rojo, viejo y el polvo se había adueñado de el. Tenia el titulo escrito en
letras doradas: “Misterio de los grandes tesoros perdidos”
-¿Que haces aquí, no deberías
estar en clase?
Nahia se sobresalto al oír aquella voz y se le callo el
libro al suelo. Giro sobre si misma y vio sus ojos verdes como la hierva que
crece en primavera la miraban fijamente.
-Yo, yo…- tartamudeo a causa del sobresalto. –Me han dicho
que tenemos una hora libre, y que podíamos quedarnos en la clase de informática
o venir aquí…
El profesor dio un paso hacia ella y ella trago saliva. La
había pillado con la defensa baja y ahora estaba sin razón alguna asustada como
un gatito.
Para su sorpresa Erick se agacho y recogió el libro del
suelo. Miro su portada y sonrió al leer el titulo.
-¿Te gustaría encontrar algún tesoro perdido algún día
Nahia?
¿Se estaba burlando de ella?¿o simplemente lo decía por mera
curiosidad?
-No lo se –dijo recuperando las formas – puede que si me deja
leerlo pueda responder a su pregunta…
El le extendió el libro y ella la acepto. Se separo un poco
más de ella y se dispuso a marcharse
-Espero que disfrutes en tu búsqueda – Y su profesor desapareció
tras la larga extensión de librerías dirigiéndose a la salida.
Nahia se quedo mirando fijamente durante unos segundos el
lugar por donde había desaparecido su profesor de historia del arte. No
entendía a aquel hombre tan misterioso, ni tampoco a lo que estaba jugando. A
veces tan amable y a veces tan letal e hiriente con sus palabras ¿que
pretendía?
Se sentó en una mesa del fondo alejada de la multitud de
personas que leían y estudiaban en sus mesas. Nahia nunca se había considerado
una persona solitaria pero si le agradaba en ciertos momentos disuadirse del mundo,
momentos como aquel en el que se sumergía tras las paginas de un nuevo libro.
Tras lo que a ella le habían parecido unos escasos minutos
de lectura alguien la interrumpió y con una voz melodiosa y silenciosa le dijo:
-Nahia, ya es la hora de almorzar, voy a cerrar.
Levanto la vista y vio a Morgan la bibliotecaria con el
abrigo puesto y las llaves en la mano. Miro a su alrededor y vio que se había
quedado sola.
-Perdón, pierdo el paso del tiempo cuando leo, a veces
parece que hayan pasado unos minutos pero en realidad han sido horas.
-Nos sucede a todas –dijo mientras le dedicaba una tímida
sonrisa.
Nahia dejo el libro en la estantería de donde lo había
sacado y recogió sus cosas para marcharse de aquel pacifico y silencioso lugar
donde se escondían miles de historias que nunca ella nunca podría llegar a
vivir.
Se dirigió a la cafetería donde esperaba encontrar a sus dos
desaparecidos amigos. Al llegar echo un vistazo por la inmensa cafetería y los
localizo en una mesa riéndose y comiendo. Cogió de la maquina expendedora un
zumo de fresa y coco y se sentó en la mesa. Sus dos amigos dejaron de reírse y
la miraron fijamente.
-¿Qué pasa? ¿por qué me miráis así? –dijo Nahia al sentirse
observada como un animal que lo están estudiando
-¿Qué tal con tu amado? –dijo Sam mientras le miraba como si
ella y el profesor hubieran echo algo que no seria del todo ético…
-Tres cosas: a) no es mi amado, y b) no a pasado nada solo
hemos hablado de Leonardo Da Vinci
-Ya… seguro… -dijo Sam – ese hombre te admira y te desea, seguro
que si fuera por el ya estarías estirada en su mesa para…
-¡Samanta! –la interrumpió Nahia- ¡¿estas loca?! ¡¿qué es mi
profesor?!
-Yaya… pero que sea tu profesor no significa que te lo
puedas… pinchar…
Nahia puso los ojos en blanco, su amiga era incorregible.
¿Cómo se le ocurrían esas cosas?
-Y c)? –dijo Ricky con un tono malhumorado y cortante
-¿Qué? –dijo Nahia
-Has dicho tres cosas, o es que hablar del señor
“me-quiero-tirar-a-mi-alumna” te ha atontado?
Nahia se quedo sorprendida por el tono de reproche con el
que su amigo pronunciaba esas palabras.
-¿Te pasa algo?
-No ¿porque lo dices?
-No se, a lo mejor por tu tono de
“padre-enfadado-que-no-acepta-lo-que-su-hija-ha-estado-haciendo”? a pesar de
que repito, no he hecho nada.
-No he puesto ese tono
-Si que lo has puesto
-No es verdad
-Si lo has puesto Ricky
-No lo he puesto Nahia
-Pues parecía que lo pusieras
-Pues te imaginas cosas que no son
-Parecía como si te molestara que hablara con mi profesor
-No me molesta
-Pues lo parece
-No me molesta, simplemente…. –Ricky hizo una pausa sin
saber muy bien como excusar su comportamiento- no me cae bien ese tío…
-¡Podéis parar los dos de una puñetera vez de discutir! –los
interrumpió Sam- ¡me ponéis enferma! –Y cogió su manzana a medio comer y se
levanto de la silla hecha una furia- Y tu Ricardo… -le miro con furia y
decepción -a ver si dejas de ser un puto celoso – y se fue con andares
enfadados hacia la salida de la cafetería
Nahia y Ricky se quedaron en silencio sin saber que decir,
seguían en shock por el repentino enfado de su amiga.
-No estaba celoso… -dijo Ricky con un hilo de voz tembloroso
rompiendo el silencio –simplemente no me gusta ese tío, no puedo permitir que
te hagan daño, no otra vez
Nahia lo miro, y vio que sus palabras eran sinceras, Ricky
era como su hermano y como tal muchas veces actuaba de una forma demasiado
protectora.
-Lo se, no pasa nada. La c) era que donde os habíais metido
a la hora de informática…
-Aaah… mira ¿sabes que? Debería ir a buscar a Sam y
disculparme ha sido culpa mía que se fuera así enfadada –se comenzó a levantar
de la silla y a coger sus libros y su mochila.
-Bueno yo también debería ir, también a sido culpa mía…
-¡NO! –grito- digo no hace falta, es decir, la culpa a sido
mía, solo mía, yo he empezado la discusión. Tu quédate aquí y… acábate el zumo
Y sin que Nahia pudiera decir nada más se fue tras Sam.
Se quedo sola en aquella inmensa cafetería rodeada de mesas
con personas comiendo, riendo, hablando y viviendo vidas normales ajenas a toda
clase de problemas y preocupaciones que a ella la hacían sentir diferente, como
un girasol que no consigue encontrar la luz del sol en un día sin nubes.
-¿Puedo sentarme? –pregunto una voz detrás suyo la cual
reconoció en seguida.
Nahia se dio la vuelta y allí estaba él. Como siempre tan
perfecto, con sus ojos color ámbar tan claritos que si le daba la luz del sol
parecían amarillos y su pelo rubio peinado
cuidadosamente hacia atrás como si de un actor de cine se tratara. Con
su camisa azul de rallas que escondían un cuerpo de atleta griego por el que
muchas chicas estarían dispuestas a matar. Y su sonrisa medio torcida que
hacían de aquel chico alguien irresistible.
-¿Para que? ¿Para fastidiar?
-No, para hablar
Nahia le hecho una mirada desafiante transmitiéndole a aquel
chico que no se fiaba de sus palabras ni por asomo.
-Siéntate… pero no me fastidies! – le advirtió
-Yo también me alegro de verte Nahia –dijo con sarcasmo
respondiendo así al tono de pocos amigos que había puesto Nahia y haciéndose el
ofendido
-Perdón Arman…. –se disculpo mientras ponía ojitos de gatito
arrepentido
-Baaa tranquila –dijo sonriendo mientras se sentaba en la
silla de al lado de la de Nahia. -¿Qué tal todo princesita?
-¡¿Me puedes decir cuantas veces te he dicho que no me
llames así?!
-Mmmmm… pues… con esta ya van… mil doscientas una
-¿Y me puedes decir porque te cuesta tanto hacerme caso?
-Pues porque a pesar de que seas una princesita yo soy el
rey y los reyes no recibimos ordenes de nadie.
Nahia rio con soltura por las estupideces que decía aquel chico
que se sentaba al lado suyo en casi todas las clases.
-¿Eres un inútil lo sabias?
-No, pero gracias por tus sabias palabras de princesa, la
próxima vez hare que te corten la cabeza
-Me gustara ver como lo intentan sin éxito
-Pues lo hare yo mismo
-Repito, me gustara ver como lo intentas sin éxito
-¿Crees que no puedo ganarte?
-Pues sinceramente… no, no lo creo….
Arman se acerco un poco más a Nahia de tal forma que sus
narices estaban a unos centímetros de separación. Arman la miro a los ojos y
sintió que en su interior se removió algo.
-Puede que tengas razón… no podría acabar con algo tan…
-¡Armaaan! –grito una chica en tono desenfadado que se
encontraba detrás suyo
Los dos miraron para el mismo lado y vieron a Becky de pie
mirándolos.
-¿Qué pasa Becky?
-¿Vas a venir hoy a la fiesta de Bruno?
-Sí claro, como iba a perdérmela?
-¡Ah! ¿Pues podrías pasarme a buscar sobre las nueve?
-¿Pero Belén y Penny no van?
-Sí, pero van a ir más tarde
-Bueno pues a las nueve paso por tu casa
-Vale muchas gracias cariño
-De nada preciosa –dijo guiñándole un ojo
Y Becky se fue caminando con soltura y confianza. Moviendo
sus caderas de un lado al otro que hacia que todo chico que pasaba por su lado
se paraba a mirarla. Y con razón, ya que Becky era una chica preciosa, con un
pelo liso, largo castaño y unos ojos azules rasgados y un cuerpo de infarto.
Era el prototipo de chica que si nuestro colegio fuera un instituto americano
seria la típica animadora súper popular que salía con el quarterback del equipo
de futbol.
Nahia miro otra vez hacia Arman y vio que miraba hacia el
lugar por el que se había ido Becky
-¿Cuándo se lo dirás? –Le pregunto
-¿Decirle el que? –pregunto Arman claramente confundido
-Que te gusta
-¿Quién? ¿Becky?
-Si
-No me gusta Becky, para mi ella es….
-Claro… “a las nueve paso por tu casa” –dijo Nahia imitando
su tono de voz
-¡No voy a dejar que vaya sola por la noche!
-Ui es que las nueve es una hora muy peligrosa, esta llena
de asesinos y violadores en serie… ¡Por favor! ¡Si ni siquiera esta oscuro a
esas horas! Además… se nota que a ella le gustas
-Pues ella no me gusta a mi, ya te lo he dicho.
-Entonces, ¿porque te has quedado embobado mirando como se
marchaba? Por cierto lo has dejado todo mojado con tus babas…
-Yo no estaba embobado y por tus palabras parece como si te
molestara o algo! Que pasa princesita estas ¿celosa? –dijo mientras sonreía de
esa manera tan burlona pero adorable que tiene
-Más quisieras
-Va venga no pasa nada puedes admitirlo
-No hay nada que admitir porque no me gustas
-Si es comprensible, soy un tío irresistible
Nahia rio sarcásticamente ante tal muestra de egocentrismo
-Eso te encantaría ¿verdad? – y entonces se acerco un poco
más a él, Nahia lo miro como un gato mira a un ratón antes de atacarlo – te
encantaría que ahora mismo te dijera que me gustas… -dijo con voz melodiosa y
con una nota de sensualidad- y te propusiera saltarnos nuestra próxima clase…
-se acerco tanto a él que sus narices estaban a punto de tocarse. Arman estaba
claramente nervioso y excitado por momentos- y te propusiera ir a mi piso,
donde ahora no hay absolutamente nadie… y ya sabes… jugar un poco…. ¿te
gustaría eso no?
Arman trago saliva realmente aquella chica lo había puesto a
cien por hora. Antes de que él dijera nada Nahia se acerco aun más a él pero
coloco su boca al lado del oído de Arman y le susurro:
-La próxima vez que me llames princesa y que intentes jugar
conmigo… te enteraras de quien soy yo…
Y se levanto de su silla cogió sus cosas y se fue por la
puerta de la cafetería con una enorme
sonrisa en la cara. Sabia a ciencia cierta tres cosas:
1)Había dejado a Arman, el “me-acuesto-con-todas” con un
calentón que derretiría el polo norte.
2)No le volvería a molestar con sus gilipolleces
3)Sí, tal vez había sido un poco cabrona y se había pasado…
pero aquel chico merecía aquello.
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